Vamos a triturar mil bosques, a comernos el humo y las bocas en este anochecer de domingo, sólo para sorprender al mundo.
Recordemos el oro, la fiebre, el despertar en una cama ajena, una habitación desconocida. Ese poema leído en voz baja, esas calles que nos cantan nuestras dichas - y desdichas- cuando llueve.
Un parpadeo poco inocente en una noche oscura - puestos a elegir oscuridades-.
Estic ajeguda as llit. em contempl es pits nus que sobressurten des duvet sobre es que es recolza l'Anticrist, de Nietzsche. Un ciri blanc crema sobre sa meua tauleta de nit, acompanyada d'una barra d'encens. Els interrogants -certeses- s'abalancen sobre jo.
"Nos tornábamos sombríos y nos llamaban fatalistas. Nuestra fatalidad era la plenitud; la tensión, la abundancia de fuerzas. Teníamos sed de relámpagos y de actos; permanecíamos muy lejos de la dicha de los débiles, muy lejos de la resignación. Nuestra atmósfera estaba cargada de tempestad, nuestra naturaleza se obscurecía, porque no disponíamos de senda. La fórmula de nuestra felicidad es ésta: un sí, un no, una línea recta, una meta."
En llegir això una sensació estranya em recorre es cos, tal vegada una veritat rebel·lada des que mai seràn compresos, tal vegada és únicament s'opi des meus records... o tal vegada solament és l'absència d'una pell propera, certa i sincera que volgués entendre'm. Algún día una carícia suau de nits dolces d'estiu vora la mar o de càl·lides tardes d'hivern vora es foc pitiús, em murmuraràn tendrament a s'orella que ja no seràn necessàries ses lectures de Nietzsche, ni de cap altre savi, poeta o home de barri que vol una cervesa de franc a canvi d'alguna rebel·lació sobre sa vida.
Aquest dia, aquesta carícia, seràn sa meua certesa.
Mentres, es meus pits seguiràn observant atentament ses últimes línies des paràgrafs de Nietzsche, ses paraules que neixen des meus llavis frustrats i ses carícies que, tendrament, m'agrada regalar-me en un acte d'extrema autocompassió -tal vegada seràn elles, y no els fulls de Nietzsche, qui em tornin sa fe-.
Fa ja més d'un any que som a blogger, a pesar de que alguns segurament no coneixeu es meu primer blog (www.opiumofkaos.blogspot.com), que fa temps va quedar... obsolet, epr dir-ho d'alguna marena.
Es 15 de gener, de matinada, ja tocades les 6 i encara sense dormir, llegia a Nitezsche, i vaig decidir fer virtuals es meus pensaments surrealistes.
Per conmemorar aquesta aniversaria (més val tard que mai) vull penjar aquí es primer text d'aquell blog abandonat des de maig passat.
La gran reina de hielo, café humeante y cigarrillo en mano, maldecía en un café de París.
- ¿A quién condenas hoy, querida?
- A los hombres.
- Entonces no es nada nuevo.
- Són los condenados de ayer, sí. Pero también son los de hoy. Y los de mañana... Para ellos será ese profundo y negro abismo del que nos hablan Dante y Bradbury , al que se acerca Böcklin con su Isla de los Muertos, dónde Caronte los espera, a todos. Para ellos será la pena y la muerte. Y nosotros, tu y yo, querido, brillaremos en este mar de hielo y plata. Refugio. Hasta que los témpanos se resquebrajen bajos nuestros pies y la sal, por fin, calle nuestras lenguas. Al olvido...
Imatges: La isla de los Muertos, Arnold Böcklin El mar de hielo (Naufragio de la Esperanza), Caspar David Freidrich
Fueron tu ausencia y tu vacío que tienen mi aliento fundío, aunque entonces pensé que alguien había entrao y te había llevao, pero de sobra sabía lo que me había pasao, había perdío lo que más había querío guardar a mi lao.
Desde entonces ya si sé que es sentir miedo y tener frío, hace tiempo que no noto si el viento da de mi lao, desde entonces siento el sufrimiento de otro como mío. Me dejaste como a un crío en un columpio abandonao.
No me entraron del to aquel día gasnas de sentarme en mi casa a esperarte, algo me iba diciendo por dentro que no merecías tenerme. No gastaré ni un minuto más de mi tiempo en pararme y quedarme aquí solo a esperar.
Voy a echarme esta noche por la calle a correr, para ver si los perros lamen mis heridas. Voy a echarme esta noche como nunca a perder, ahora a ver a qué me aferro pa seguir mi vida.
No sé si fue la fría quietud de todas aquellas horas perdías, cada madrugada lloré por las penas pasadas. Nunca tan amarga resultó una despedida, nunca tan atrás volví a dejarme una mirada.
Y en cada rincón de mi alma dejé crecer a su amor los rastrojos, pensé en tomarme con calma el dolor de no ver nunca más ya tus ojos, y me dejaste aquí sin armas, medio ciego y medio cojo, más yo te quise esperar, más pero a mí me entró un antojo.
No me entraron del to aquel día gasnas de sentarme en mi casa a esperarte, algo me iba diciendo por dentro que no merecías tenerme. No gastaré ni un minuto más de mi tiempo en pararme y quedarme aquí solo a esperar.
Voy a echarme esta noche por la calle a correr, para ver si los perros lamen mis heridas. Voy a echarme esta noche como nunca a perder, ahora a ver a qué me aferro pa seguir mi vida.
Después de pasar tratando de vivir sin ti dos vidas, con la furia del cobarde y la consciencia del suicida, salí de casa llorando y con la partida perdida, me ví metido de lleno en esta noche sin salida.